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El teorema del loro julio 3, 2007

Filed under: el teorema del loro — Teresa @ 3:53 pm

Título: El teorema del loro
Autor: Denis Guedj
Editorial: Anagrama

“Te preguntarás por qué te escribo después de tantos años. […]Voy a mandarte mi biblioteca. Todos mis libros: varios cientos de kilos de libros de matemáticas”

Personalmente pienso que este libro es muy interesante, basándome sobre todo en el contenido didáctico que trabaja. Como estudiante de la licenciatura en matemáticas, creo que el teorema del loro me ha ayudado a conocer un poco más en profundidad esta ciencia, debido a que muchas de las historias que se cuentan en el libro, sobre la vida y descubrimientos de algunos matemáticos, nunca las había oído o tenía simplemente una vaga idea de ellas, ya que no son temática habitual en las clases, aunque personalmente creo que estimularían más el trabajo de los alumnos.
El contenido tampoco es demasiado complicado y creo que cualquier alumno de los últimos cursos de secundaria o incluso de los primeros sería capaz de entenderlo sin mayor dificultad (…)
En este libro nos encontramos ante una amena y correcta revisión de algunos de los momentos más relevantes de la historia de las matemáticas (…)
En resumen, creo que es un buen libro para que aquellas personas que sientes digamos un poco de fobia hacia las matemáticas se adentren en este mundo y vean que es accesible a todo aquel que muestre interés por él, llegando incluso a entretener y divertir.
Cristina Cuñarro Jácome (alumna de Estratexias e recursos en Educación Matemática, USC)
 

3 Responses to “El teorema del loro”

  1. Profe Cecilia Says:

    estoy muy interesada en realizar esta lectura con los chicos de decimo y undecimo el unico medio que tengo para adquirir el libro es via internet, me podria orientar un link o pagina para poder descargarlo le agradesco su pronta ayuda ..

  2. Por cierto, no deja de ser curioso el siguiente comentario del narrador, teniendo en cuenta que Ruche sufría paraplegia después de un accidente laboral:
    «Ruche se retorció en su asiento. LE DOLÍAN LOS MUSLOS. ¡Diez años sentado en una silla!» Pág. 370.

  3. Lo primero que me sedujo de la novela fue su emplazamiento, el barrio de Montmartre, ese pintoresco barrio parisino que está curiosamente lleno de coches del modelo «Smart», seguramente por la escasez de aparcamientos.
    Por otro lado, la caracterización de los personajes me ha parecido muy lograda. El autor ha evitado retratar personajes estereotipados y ha logrado, además, que cada uno de ellos posea algo singular, definidor. La obra está cargada de comentarios mordaces, explicaciones etimológicas y anécdotas curiosas que le aportan vivacidad y una sutil carga de humor. Además, se observa una progresiva –y positiva– evolución en las relaciones sociales y familiares entre estos personajes. Se podría decir que la aventura narrada los va uniendo a medida que pasa el tiempo.
    No obstante, la descripción y la conducta de TEA y TEB resulta un tanto maniquea. Ellos son a todas luces «los malos» de la historia, y ahí se termina su papel y su función en la novela. Recuerdan a los cuentos y los dibujos animados infantiles, y también a algunas películas norteamericanas. Por el contrario, no sucede así con Giulietta Mari o con el Patrón, Don Ottavio, del cual se nos muestra una personalidad en ciertos puntos contradictoria para Ruche y el lector, aunque no para él mismo –algo que nos sucede un poco a todos–.
    Otro aspecto que destacaría de «El teorema del loro» es que cada capítulo está conformado por varios fragmentos presentados por distintos narradores y separados únicamente por unos renglones en blanco –las fichas de Grosrouvre son las únicas reproducidas con una tipografía distinta–, los cuales van poco a poco configurando la trama de la historia desde distintos puntos de vista. Esto permite al lector recrear y analizar lo que se cuenta desde múltiples perspectivas, con lo que se enriquece el imaginario de la novela en la mente del lector y se hace más interesante.
    Por supuesto, tampoco puedo dejar de comentar el tema que sirve de causa y también de hilo conductor de la historia, el cual incluso se explicita en el subtítulo: «Novela para aprender matemáticas». En todo el libro se percibe un agradable aroma a «pasión por las matemáticas», que sin duda el autor sentía cuando lo estaba escribiendo y que logra imbuir a todos los personajes, sin excepción. No obstante, se observa que la «familia» Ruche-Liard y sus amigos no sienten afán por dominar a la perfección fórmulas y demostraciones –algo que reduciría enormemente el público potencial de la novela–, sino que más bien manifiestan una actitud de curiosidad e interés hacia la historia de las matemáticas y, sobre todo, hacia los actores de esta historia –un aspecto que, por lo común, pasa a un segundo plano en los estudios reglados de esta área del conocimiento, como muy bien dicen los gemelos J-y-L–. A pesar de todo ello, la cantidad y dificultad de los contenidos matemáticos incluidos en el texto es considerable por lo que –sobre todo para los lectores no expertos en matemáticas, como es mi caso– se impone una lectura relajada, con pausas entre los capítulos que permitan asimilar lo que se acaba de leer.
    Del final, original y abierto, simplemente diré que fue pensado y elegido de una forma inteligente y que forma un excelente broche final para la narración. De esta forma creo no comprometer futuras lecturas de aquellos que se acercasen al comentario antes de leer el libro.
    Para finalizar, querría hablar de las intertextualidades que he detectado. Por las referencias a libros únicos y a bibliotecas secretas, durante la lectura de la novela me vinieron a la cabeza otras obras afines como «El club Dumas» (1993), de Arturo Pérez Reverte o «La sombra del viento» (2001), de Carlos Ruiz Zafón. Además, en la parte final me recordó a «El código Da Vinci» (2003) de Dan Brown, debido tanto a los emplazamientos históricos y monumentales como a la sucesión de coincidencias –que en algunos momentos rozan el límite de la verosimilitud–, o también a los giros inesperados que da la historia y que son desvelados empleando el recurso de la «anagnórisis»; es decir, al mismo tiempo que vamos conociendo mejor a los personajes que los protagonizan –en este caso, principalmente a Don Ottavio–.


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